Fui a Canadá por $224.68 desde Puerto Rico

Voy a ser honesta contigo: cuando vi el precio, lo dudé. ¿$65 a Canadá? Pensé que era un error. Que había una letra pequeña. Que algo estaba mal.

No había nada mal. Era real. Y lo compré.

Vuelo a Toronto desde Puerto Rico
Vuelo a Toronto desde Puerto Rico

Ese fue el inicio del viaje que más me ha enseñado sobre viajar — no porque Canadá sea barato (spoiler: no lo es), sino porque ese pasaje me demostró que si buscas en los lugares correctos, los precios que parecen imposibles existen.

El vuelo de ida me salió en $65 (SJU → YYZ, lo encontré por un video de TikTok) y el de regreso en $159.68 (YYZ → SJU, por Google Flights). Total ida y vuelta: $224.68, directo desde Puerto Rico. Aquí te cuento exactamente cómo pasó — y cómo tú puedes hacer lo mismo.

El costo real del viaje

El vuelo fue baratísimo, pero un viaje es más que el vuelo. Viajamos 3 personas; estos son los costos por persona:

CategoríaPor persona
Vuelos (ida y vuelta)$224.68
Hospedaje · 6 noches$537.37
Carro alquilado (Hertz, 2 tramos)$81.92
Actividades y experiencias$240.14
Avioneta sobre Toronto$0 (con puntos)
Total por persona$1,084.11

Primero, el contexto

Era noviembre del 2022. Viajé con mi mamá y un amigo — del 5 al 12 de noviembre, una semana completa. El plan no era ir a Canadá específicamente. El plan era viajar, y Canadá apareció en el camino correcto.

Llegamos a Toronto (aeropuerto YYZ), alquilamos un carro el mismo día que llegamos y arrancamos. Una semana, tres ciudades, un carro, muchos abrigos.

El itinerario — 7 días

Día 1–2: Toronto → Niagara Falls. Llegamos, recogimos el carro y ese mismo día manejamos a Niagara Falls. Dos días allá. Las cataratas de noche son otra cosa.

Día 3–4: Niagara Falls → Montreal. Manejamos hasta Montreal. Dos días explorando la ciudad, mezclando inglés y francés, caminando por el Vieux-Montréal.

Día 5–7: Montreal → Toronto. Regresamos a Toronto para los últimos días antes del vuelo de regreso. Ciudad grande, mucho por ver.

Lo que hicimos — ciudad por ciudad

Niagara Falls. Llegamos directo desde el aeropuerto, sin parar. Nos quedamos en el DoubleTree Fallsview — uno de esos hoteles que cuando abres la cortina de la habitación, ahí están las cataratas. Literalmente. Vista completa desde el cuarto.

Follaje de otoño en Niagara Falls desde el teleférico
Follaje de otoño en Niagara Falls

El primer día lo dedicamos a recorrerlas de todas las formas posibles: el bote que te mete casi dentro del agua, el recorrido Behind the Falls donde sientes el estruendo de las cataratas en el pecho, y la vista desde arriba en el Skylon Tower. Esa noche reservé en el Watermark Fallsview Dining — un restaurante con menú ya establecido y una ventana que enmarca las cataratas como si fueran un cuadro. Hay algo en verlas así — con las luces reflejándose en el agua y el sonido constante que lo cubre todo — que te hace entender por qué la gente viene desde tan lejos para verlas.

Basilique Notre-Dame de Montréal
Basilique Notre-Dame de Montréal

Montreal. Montreal fue diferente. Más improvisado, más dejarnos llevar.

Tuvimos ayuda local: Jaime, el amigo de mi amiga Erika que vive allá, nos llevó a caminar la ciudad como alguien que la conoce de verdad. Fuimos al Vieux-Port y nos subimos a la rueda. Pasamos por la Basilique Notre-Dame de Montréal — esa que te para en seco desde afuera y te deja sin palabras por dentro. Terminamos esa noche comiendo poutine, que es obligatorio, y que estaba ridículamente bueno. Si eres de Puerto Rico, es su versión de papas locas.

Al día siguiente subimos el Mont Royal Park hasta lo último. La vista de la ciudad desde arriba es de esas que guardas en la memoria para sacarla cuando necesitas recordar que el mundo es grande y que vale la pena recorrerlo.

Museum of Illusions, Toronto
Museum of Illusions, Toronto

Toronto. A Toronto llegamos tarde. Son unas 5–6 horas sin tráfico (a nosotros nos tomó 8), así que tengan eso en mente, y el primer día fue de descanso. El segundo lo aprovechamos hasta el límite.

Empezamos en el Ripley’s Aquarium — y les digo honestamente: es maravilloso. De los mejores acuarios que he visitado. Después volamos en avioneta sobre la ciudad. Ahí tuve las mejores vistas de Toronto.

De ahí, rápido a Casa Loma — un castillo en medio de Toronto, que es exactamente tan dramático como suena. Pasamos también por el Museum of Illusions, lleno de trucos visuales y cuartos que te descuadran la cabeza. Paramos en Chinatown a comer sushi y cerramos la noche subiendo al CN Tower para ver la ciudad extenderse en todas las direcciones.

Toronto desde la avioneta (yo de co-pilota)
Toronto desde la avioneta (yo de co-pilota)

El último día teníamos el Royal Ontario Museum en el plan, pero llegamos y estaba cerrado. Ya era nuestro último día, así que pivoteamos al Ontario Science Centre, que no nos esperábamos que fuera tan bueno. Y para cerrar el viaje — porque aparentemente así lo hago — me fui a hacerme un tatuaje. No tiene nada que ver con Canadá. Pero me lo hice allá, y eso es suficiente razón.

Los hacks que nos ahorraron dinero

El seguro del carro. En vez de pagar el seguro que te ofrece el rental, usamos el seguro privado que mi mamá ya paga todos los meses por su carro — muchas pólizas cubren carros alquilados. Preguntamos, aplicaba, y eso nos bajó bastante el costo del alquiler del carro. Verifica con tu aseguradora antes de asumir que aplica, porque no todas las pólizas son iguales.

La avioneta con puntos. El vuelo en avioneta sobre Toronto no lo pagamos: el trabajo de mi mamá tiene un sistema de puntos que se canjean por experiencias. Pregunta en el tuyo si tienen algo así — mucha gente tiene beneficios que ni sabe que existen.

Reserva el hospedaje temprano. Este es el error que sí cometí: el Airbnb de Toronto fue mi gasto más caro porque lo dejé para lo último y lo reservé apenas un mes antes. Ya no quedaban opciones económicas. Aprende de mí: el hospedaje se busca temprano.

Lo que nadie te dice viajando a Canadá desde PR

Como puertorriqueños somos ciudadanos americanos, así que entras a Canadá solo con tu pasaporte de EE.UU. vigente. No necesitas visa ni eTA.

El carro alquilado fue la mejor decisión del viaje — nos dio libertad total para manejar entre ciudades. Solo lo alquilamos para los tramos de Niagara y Montreal; al llegar a Toronto lo entregamos y el resto lo hicimos en Uber y caminando, que en una ciudad grande sale más a cuenta que pagar carro y parking.

Canadá fue mi recordatorio de que los precios imposibles a veces son reales — solo hay que saber dónde mirar y no dudar cuando aparecen.

Guía completa de Canadá

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